id Software deja Keen 7 por Wolfenstein: La apuesta que revolucionó los FPS
La decisión loca que catapultó a Wolfenstein 3D
¿Te imaginas dejar un juego que te da pasta a raudales por un experimento raruno? Pues eso es justo lo que hizo id Software allá por los 90. Estaban en plena faena con Commander Keen 7, pero un momento mágico con Catacomb 3D les hizo tirar todo por la borda para crear Wolfenstein 3D. Increible, ¿verdad?
Commander Keen, la gallina de los huevos de oro
Los episodios de Commander Keen, esos run-and-gun en 2D tan divertidos, les reportaban ganancias brutales. Cada uno multiplicaba por diez los 5.000 dólares que sacaron de Catacomb 3D con Softdisk. Ajustado a hoy, eso son como 11.750 dólares de la época, pero Keen era el negocio seguro.
De hecho, tras soltar Catacomb 3D, que usaba raycasting –una técnica para simular 3D en ordenadores cutres de los 90–, arrancaron ya con Keen 7. Traía parallax scrolling, que es como mover capas de fondo a distintas velocidades para dar profundidad en 2D, y soporte completo para VGA, el estándar gráfico de color full de entonces.
El instante que lo cambió todo
Pero entonces llega el bombazo. Adrian Carmack, uno de los del equipo, casi se cae de la silla girando hacia un troll en Catacomb 3D. Ese "pop-out" 3D te chupaba al juego, haciendo que quisieras mirar detrás de cada pared o puerta. John Carmack lo describe como algo alucinante, nunca visto.
Romero recuerda que a las una de la mañana les dijo: "Chicos, esto no es el futuro. Hay que pulir lo de Catacomb". En dos semanas tiraron las dos semanas de curro en Keen 7 y se lanzaron a lo grande. Sentian que el futuro de los shooters estaba en ese 3D rápido y adictivo.
¿Por qué nos importa esto hoy?
Piensa en tu juego favorito de disparos en primera persona. Pues todo viene de aquí. Sin esa apuesta, igual no tendríamos Doom ni los FPS modernos. Para ti, como jugador, significa que hoy disfrutas mundos inmersivos gracias a esa intuición loca de cuatro frikis en un garaje.
Mi opinión honesta
Como fan de los clásicos, me flipa esta historia. Fue una decisión de cojones, rompiendo lo cómodo por innovar. Romero y los Carmack vieron lo que nadie más: el 3D iba a comerse el mundo. Ojalá más estudios tuvieran ese instinto hoy, en vez de seguir fórmulas seguras. ¡Grande id Software!